Las Nostalgias de Banasco.

“Un buen dibujo debe ser como una cesta de rejilla trenzada de la que no se puede sacar una paja sin dejar un agujero”·

 

 

Por el laberinto de nuestras vidas uno recoge experiencias, despeja incógnitas, despierta sueños, deshace ilusiones y encuentra sorpresas. Por el camino, Julio César Banasco tocó la luz en la pintura-dibujo y sus anhelos cobraron formas. Modeló pensamientos, esculpió ideas, y pintó la vida. Ese saco de cargas pesadas acumuladas en el diario bregar.
En el comienzo fue la línea, esa que en el tiempo y de su mano recorre papeles y cartulinas trazando un mapa que nos conduce inevitablemente hacia las estancias de la memoria... La línea que dibuja, ilustra y pinta, porque todo eso hace el creador, nos inunda la mirada de imágenes que magnetizan, hablan y nos llevan de paseo por su realidad.

 

Al contacto con la obra de Banasco, uno de los más interesantes creadores que actualmente “visten” la plástica pinareña, enseguida uno percibe una concepción imaginativa, desarrollada con la espontánea asimilación de los nuevos medios. No es sólo el ojo moderno liberado del yugo de la centralidad, sino la capacidad de síntesis formal y sobre todo de síntesis narrativa, sabiendo aprovechar al máximo las sugerencias de lo visible cuando se presenta como una presencia encubridora. El mérito del artista es su eventual comprensión de la especificidad del hecho plástico, enfatizando su dureza, su concisión, el sentido de la imagen pintada.

 

Banasco es un artista diestro y cuajado de sutilezas, que consigue orquestar la figuración en atmósferas variables, resueltas por la síntesis de lo visto en texturaciones de superficies no artísticas y tropismos ambientales. Como un sobreviviente de fantasmales naufragios, Banasco nos entrega visiones de viajes interiores que luego traduce con una línea precisa, un trazo vigoroso y transparencias de sutiles tonalidades que se acomodan entre las formas...sus creaciones, son reflejos de una vivencia onírica o de pensamientos, como si el artista, luego de mirar distraídamente hacia el alinde neblinoso del espejo, obligara a su imagen a salirse de él, a desafiar impávidamente una hueste de aparecidos o interrogara soledades, y ya de retorno, con la imaginación transida de quiméricas anatomías y fragmentos de toda índole, el arte del autor comenzará a unir lo disperso y a dispersar lo unívoco en la transmutación en la que clama, se retuerce y vibra el ingenio del artista por ordenar la realidad.

Sus trabajos reflejan, pues, el alma, repleta de preguntas, anhelos, tristezas y alegrías que se aglomeran en un espacio pequeño semejante a un embrión.
Díjose embrión y apareció la fecundidad con todos los sinónimos posibles de esa acepción.

Tony Piñera.
Crítico de Arte.
Director de la Galería “La Acacia”. Ciudad de la Habana. Enero 2003.

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