A Banasco

 

 

 

Desde los tiempos en que lo conocí en la Facultad de Educación Artística del Varona (la llamada “Generación de Columbia “), el arte de Banasco mostraba ya una manera propia de estar al margen de las últimas novedades conceptuales y contestatarias que sacudían el arte cubano de los 80 ́. Su elección no respondía ciertamente a un rechazo programático sino era consecuencia “natural” de maneras de hacer arte ya previamente adquiridas, de las cuales – gracias a Dios- nunca pudo desligarse radicalmente.

Su dominio del dibujo y las herramientas tradicionales de la pintura retiniana eran esenciales a su manera de ver el arte y casi 20 años más tarde, Banasco sigue haciendo gala de una trayectoria que ha sido fiel a si mismo.

Mientras en su contexto natal: Pinar del Río, los artistas redescubren paisajismo de naturaleza mental y carácter edénico, Banasco se afilia a un arte nacido de sus propios fantasmas interiores y exorcizados a través de una pintura espectral que funde huellas de Caravaggio y Salvador Dalí, con acentos surrealizantes donde ha sido eliminada toda referencia contextual. Sus pretextos temáticos parecen radicar en el arte “decadente” de fines del siglo XIX, en los pintores simbolistas, Odilon Redon, Knoffler, síntomas del malestar de la cultura y la misoginia enunciado por Freud en los albores del siglo XX. Banasco actúa como un fabulador que gesta seres volátiles, inquietos, marcados con acentos expresionistas en algunas piezas y donde la mujer encarna diversos personajes simultáneamente: Diosa y puta, musa y santa, sin transiciones aparentes.

...Sus dibujos se convierten en acabados testimonios de una cosmovisión de personal identidad. Aquí, en la lucha sutil entre los claroscuros del creyón y la inmensidad del papel, revela el artista de manera más despojadas sus herramientas y estatura, sus paroxismos y alcances. Sin deseos de exorcizarse frente al “Otro” a través de una pintura colorística ni recurrir a neomedievalismo homogéneos, el arte de Banasco merece ciertamente más atención por su originalidad y consecuencia.

 

 

Abelardo Mena
Crítico de Arte, Curador del Museo Nacional de Bellas Artes. Ciudad de la Habana. 2004

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